Para muchos la palabra herencia simboliza dinero, bienes materiales. Pero hoy vamos a descubrir cuál es la mayor y más preciosa herencia que uno puede tener.

Estamos hablando de lo que mantiene a nuestros padres fuertes y firmes hasta hoy.

Del Espíritu que nunca nos deja desanimar, ni parar ante las luchas y dificultades.

El Espíritu que nos motiva todos los días a luchar y a hacer la diferencia.

¡Estamos hablando del Espíritu Santo! Él es nuestra mayor herencia.

Para muchas hijas lo que más importa es la universidad, la boda, los bienes materiales, las amistades, etc. Ellas olvidan que el mayor tesoro que pueden adquirir en la vida es el Señor Jesús.

Algunas incluso actúan como si tuvieran el bautismo con el Espíritu Santo, pero sus actitudes muestran otra cosa.

Cuando quedan en duda entre la voz de Dios y la del mal, muchas veces ceden a la voz que más le conviene.

Vamos a analizar la historia de la mujer adúltera contada en Juan 8:

“Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? (Juan 8:3-5)

Vemos en el versículo arriba el ejemplo de una mujer que cargaba un gran peso en su vida, y para empeorar su situación, aquellos que sabían de su condición la trajeron a juicio, haciendo aún más pesada su carga.

Mi amiga, la verdad es que, si usted no tiene el Espíritu Santo, no podrá vencer ciertas situaciones de su vida. Por eso, independientemente de lo que has hecho o que sigas haciendo, reconozca que tienes que volverse a Él. No escuches la voz del diablo que dice que no puedes o que el pecado es más fuerte que tú. ¡Eso es mentira!

“…Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primer en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en la tierra”. (Juan 8:6-8)

Jesús no miró a aquella mujer con ojos de condenación.

Por el contrario, hizo que aquellos que cargaban las piedras de acusación mirara a ellos mismos.

“Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; …” (Juan 8:9)

¿Qué piedra has cargado? ¿Malicia? ¿Malos ojos? ¿Malos pensamientos? ¿Mentiras? ¿Deseo carnal? ¿O incluso las piedras de la acusación?

¿Sabes cómo puedes deshacerte de eso? Vea en la secuencia del versículo 9 aún en el capítulo 8 de Juan:

“… se quedaron sólo Jesús y la mujer, que estaba en medio.”

¿Usted ya se quedó a solas con Dios?

“Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.” (Juan 8: 10-11)

Y lo mismo hoy puede suceder contigo.

¡Aproveche ese ayuno de Daniel, que comenzará el día 25 de ese mes, para quedarse a solas con Dios y ser lleno de su Espíritu!

¡Ah! Pero no te olvides: Él sólo puede hacer algo por ti, si te entregas primero. Abandone todo el peso que has cargado y entrega toda tu alma a Él.

P.d.: No deje que esta oportunidad pase, pues la mujer adúltera fue “sorprendida en el acto”, pero tuvo la oportunidad de redimirse. Hoy en día, ser “sorprendida en el acto” puede significar la vuelta del Señor Jesús o de tu muerte, justo en el momento en que estés satisfaciendo la voluntad de tu carne.

¡Piense en eso!

A continuación, se presentan las fotos del Encuentro en los demás lugares:

DEIXE UMA RESPOSTA

Please enter your comment!
Please enter your name here