El lobo alfa representa la imagen del padre. Él deja claro, que en todos los momentos tiene el control total de la casa, y que lejos de su cueva se torna un jefe malhumorado y agresivo.

Pero este estereotipo es una interpretación equivocada, de cómo el macho alfa genuino se comporta en una familia de lobos. Él tiene una conducta masculina ejemplar.

Los machos que comandan, no lo hacen de manera forzada, ni dominante, tampoco agresiva para con los que lo rodean. Los lobos auténticos no son así.

En verdad, se comportan de otra manera: el macho alfa puede intervenir de forma decisiva en una caza. Pero inmediatamente después de la captura, solo decide ir a dormir luego de que todos estén satisfechos.

La principal característica de un lobo es una discreta confianza y seguridad sobre sí mismo.

El lobo sabe lo que tiene que hacer, sabe lo que es mejor para la manada.

Él da el ejemplo, se siente a gusto. Ejerce un efecto “calmante”.

En resumen, el macho alfa no es agresivo, porque no hace falta serlo.

Imagínese esto: dos manadas y dos tribus humanas.

¿Cuál tiene mayor probabilidad de sobrevivir y reproducirse?

¿El grupo en que los miembros cooperan, comparten y se tratan con menos violencia?

¿O el grupo en que los miembros se están atacando entre sí?

Veamos el gran ejemplo que un animal irracional nos da; de cómo ser un hombre. Yo me quedo imaginando; si un animal tiene la capacidad de liderar una manada, imagínese un ser humano que es la imagen y semejanza del Altísimo.

¡No hay comparación! El hombre tiene un potencial muy grande, pero no lo usa.

Ese es el problema, muchos no piensan en lo que hacen, actúan por instinto. Un hombre inteligente no necesita imponer nada, él conquista el respeto de sus subordinados. Siendo líder con la cabeza guiada por el Espíritu de Dios.

Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte;
Y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad.” (Proverbios 16:32)

Él sostiene a su familia, y se preocupa con el bienestar de los otros que están a su alrededor. Él cree en sí mismo. Nada es peor que un hombre inseguro, nadie se siente bien en estar cerca de él. El hombre que sabe de su capacidad transmite seguridad en todo lo que hace.

Y esa confianza viene de Dios, vea el ejemplo de David:

Contigo desbarataré ejércitos,
Y con mi Dios asaltaré muros.

En cuanto a Dios, perfecto es su camino,
Y acrisolada la palabra de Jehová;
Escudo es a todos los que en él esperan.” (Salmos 18:29,30)

  • Pregunte a sí mismo, ¿Por qué no ha conseguido cambiar tu temperamento?
  • Sé lo que tengo que hacer, pero no lo hago. ¿Por qué?
  • ¿Por qué es tan difícil hacer las cosas de Dios, pero las del mundo son tan naturales para mí?

Piense antes de responder, y si la respuesta es: “no lo sé”, entonces tú debes buscar el encuentro con Dios y descender en las aguas.

En la fe.

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